Mitos mitologia - diccionario basico de mitologia
ZEUS
Dios principal del Olimpo, se corresponde con el Júpiter romano. El más poderoso de los dioses del Cielo. Era considerado el padre, el rey de los dioses y de los hombres, que hacía estremecer el Universo sólo con un movimiento de su cabeza. Aunque existen muchas tradiciones sobre este dios, dos son las más difundidas. La primera, que se puede catalogar de histórica, refiere que celosos los Titanes del poder ilimitado de Cronos, se rebelaron contra él y apoderándose de su persona lo encerraron en una estrecha celda. Zeus, que por aquel entonces era joven pero valiente, olvidando el mal trato que le había dado siempre su padre, salió de la isla de Creta a donde su madre Rea le había enviado secretamente, deshizo a los Titanes, liberó a su padre y habiéndole restablecido en su trono, regresó ufano a su retiro. Cronos, por su parte, más celoso que agradecido de su hijo, le armó mil asechanzas para deshacerse de él, pero Zeus eludió con facilidad todos los lazos que le tendía su padre, lo arrojó de Creta, le siguió al Peloponeso, lo venció una segunda vez y le obligó a buscar asilo en Italia. A esta guerra contra su padre siguió la de los Titanes que duró diez años y de la que Zeus terminó por salir victorioso, derrotándolos por completo cerca de Tartesio. Después de esta victoria y de la muerte de Cronos empezó el reinado de Zeus. Dueño de un imperio amplísimo se casó con Hera siguiendo en esto el ejemplo de su padre que se había casado con Rea, su hermana, y el de su abuelo Urano que había tomado por consorte a su hermana Titea. Como sus estados eran muy extensos para gobernarlos por sí solo, los dividió en diferentes gobiernos y encargó a Hades las regiones occidentales, es decir, las Galias y la Hispania. Después de muerto Hades, este gobierno pasó a Hermes, quien fue la gran divinidad de los celtas. Zeus se reservó para sí el Oriente, es decir, Grecia, las islas y la parte de Oriente de donde eran originarios sus ascendientes.
No satisfecho Zeus con el título de conquistador, quiso ser legislador e impuso leyes justas que hizo observar con extremado rigor. Exterminó a los bandidos de la Tesalia y después se dedicó a su propia seguridad, estableciendo su morada sobre el monte Olimpo, haciéndose célebre por su valor, su prudencia, su justicia y otra virtudes civiles y militares. ¡Hubiese sido feliz de no mancillar sus virtudes con su pasión por los amoríos y los placeres! Estas galanterías, muy frecuentes, indignaron de tal modo a Hera que llegó a conspirar contra él, pero Zeus supo anular la conspiración, lo que fue la última de sus empresas. Postrado por la vejez, murió en Creta tras haber reinado sesenta y dos años y vivido ciento veinte.
La segunda tradición, más fabulosa y, sin embargo, la más extendida entre los griegos, comienza con un oráculo del Cielo y de la Tierra que predijo a Cronos que uno de sus hijos le quitaría la corona, con la vida. Según otra versión, Cronos, en connivencia con Titán, su hermano mayor, le había cedido el imperio bajo la condición de que matase a todos sus hijos varones a fin de que la sucesión pudiese volver un día a la rama mayor. Hestia, su hija mayor, Deméter, Hera, Hades y Poseidón habían sido ya devorados, cuando Rea, sintiéndose de nuevo embarazada, hizo un viaje a Creta y dio a luz en una cueva a Zeus, a quien hizo cuidar por dos ninfas del país, y recomendó su infancia a los curetes, que danzaban alrededor de la cueva con gran ruido de lanzas y escudos para que no fuese oído el llanto del niño. A pesar de todo, Rea, para engañar a su marido, le dio una piedra envuelta como un bebé, que Cronos devoró persuadido de que era un hijo suyo. Cuando Zeus llegó a la mayoría de edad se asoció con Melis, se unió a sus hermanos Poseidón y Hades, e hizo la guerra a Cronos y a los Gigantes. La Tierra le auguró una victoria completa si podía poner en libertad a los Titanes que su padre tenía prisioneros en el Tártaro, lo cual consiguió Zeus. Entonces fue cuando los Cíclopes le dieron a Zeus el trueno, el relámpago y el rayo, a Hades un casco, y un tridente a Poseidón. Con estas armas vencieron a Cronos, y después Júpiter trató a su padre como éste había tratado al suyo, Urano, precipitándolo con los Titanes al Tártaro, bajo custodia de los Hectatonchires, gigantes de cien manos. Después de esta victoria, los restantes hermanos dividieron el mundo entre sí. Zeus se quedó el cielo, Poseidón el mar y Hades el dominio de los infiernos. A la guerra de los Titanes siguió la de los Gigantes, hijos del Cielo y de la Tierra. Zeus tuvo que recurrir a Heracles, quien, en unión con los demás dioses, exterminó a los Gigantes. Zeus se casó siete veces y sus mujeres fueron: Metis, Temis, Eurynoma, Deméter, Mnemosina, Latona y, por último, Hera. Tuvo un gran número de amantes y de todas ellas nacieron un gran número de hijos, todos puestos entre los dioses o los se-midioses.
Zeus ocupó el primer lugar entre las divinidades y su culto fue el más solemne y el más extendido. Sus tres oráculos más famosos fueron el de Dodona, el de la Libia y el de Trofunio. Las víctimas más comunes en las inmolaciones eran la cabra, el cordero y el toro blanco, cuyas astas solían dorar. En sus altares jamás se sacrificaban seres humanos. Entre los árboles le estaban consagrados el olivo y la encina.
El modo más corriente de representarlo era bajo la figura de un hombre de majestuoso aspecto y con barba, sentado en un trono, teniendo en la mano derecha el rayo y en la izquierda una estatua de la Victoria, y un águila a sus pies, con alas extendidas, con la parte superior de su cuerpo desnuda y la inferior cubierta. El trono indicaba la seguridad del imperio, la desnudez de la parte superior demuestra que era visible a la inteligencia y a las partes superiores del Universo, mientras que la parte cubierta, la inferior, denotaba estar oculto al mundo y a los mortales. El rayo anunciaba su poder sobre los dioses y los hombres. La Victoria daba a entender que siempre salía victorioso y el águila que era el señor del cielo. Como deidad protectora de Roma los cónsules prestaban juramento ante su efigie y los generales victoriosos le rendían ofrendas.
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