Mitos mitologia - diccionario basico de mitologia
REA
Hija de Urano y de la Tierra, esposa de Cronos y hermana de los Titanes, era madre de Zeus, que Cronos habría devorado si Rea no hubiese sustituido a su hijo por una piedra envuelta en pañales, que aquél se tragó inmediatamente.
Según Apolodoro, hallándose Rea embarazada de Zeus, se retiró a Creta para salvarle, donde parió en una cueva llamada Dietea y dejó el niño, para su crianza, a los Curetos y a las Ninfas Adraitea e Hidra.
Los egipcios contaban que habiendo tenido Rea amores secretos con Cronos, quedó embarazada, y que luego el Sol la llenó de maldiciones y pronunció contra ella el anatema de que no podría parir en ningún mes del año. Hermes, que se había apasionado por Rea, vio llegada la ocasión Para disfrutar de sus favores y emprendió una treta muy singular con la cual logró hacer infructuoso el anatema del Sol. Cierto día que jugaba a los dados con Selene, le propuso como apuesta la sexagésima parte de cada día del año Hermes ganó y aprovechándose de ello compuso cinco días que añadió a los doce meses del año y durante esos cinco días Rea parió a Isis, Osiris, Oro, Tifón y Poseidón. De este modo, el año egipcio que antes sólo contaba 360 días recibió el suplemento de los cinco días que le faltaban.
El culto a Rea fue muy limitado al principio, pero se extendió cuando los romanos la identificaron con Cibeles, llamada la Gran Diosa Madre. Italia desconoció esta deidad hasta el tiempo de Aníbal. Cuando los romanos consultaron los libros proféticos de las Sibilas, recibieron la respuesta de que el enemigo no sería arrojado de Italia hasta que no fuese conducida a Roma la madre de los dioses. Confiando en el oráculo enviaron una embajada para pedirla a Attalo, rey de Pérgamo, quien ordenó entregarles una gran piedra que se conservaba en Pessinunta, ciudad de Frigia, donde la diosa Cibeles tenía levantado un magnífico templo. Fue llevada a Roma con gran pompa e introducida por el hombre de mejores costumbres de la ciudad, a juicio del Senado, es decir, el joven Publio Escipión. Se estableció una fiesta en honor de Cibeles que se celebró en medio del estruendo confuso de timbales, oboes y címbalos. Los sacrificadores lanzaban los más fieros alaridos y profanaban no sólo el templo de la diosa sino también los oídos de los espectadores, con un lenguaje obsceno y ademanes licenciosos. Ofrecíasele en sacrificio una cerda por causa de su fertilidad, un toro y una cabra, y los sacerdotes inmolaban estas víctimas sentados y tocando la tierra con sus manos. Le estaban consagrados el boj y el pino: el primero porque de su madera se hacían las flautas que se tañían en sus fiestas, y el segundo por su amor a Atís. Se la representaba como una mujer robusta y poderosa. Una corona de roble recuerda a los hombres la edad en que se alimentaban con el fruto de este árbol. Las torres que ciñen sus sienes indican las ciudades que la reconocían como protectora; y la llave que empuña denota los tesoros que encierra en el invierno la tierra para ofrecerlos en el verano. La carroza en la que aparece sentada es la imagen de la Tierra y las dos ruedas que la sostienen significan que la Tierra es conducida con un movimiento circular. Esta carroza es tirada por dos leones. Se coloca a su lado un tambor en forma de globo.
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