Mitos mitologia - diccionario basico de mitologia
HERACLES
Es el nombre común a muchos héroes de la antigüedad, pero el más célebre y conocido, el honrado por los griegos, es el hijo de Zeus y de Alcmena, mujer de Anfitrión. Los romanos.lo veneraban con el nombre de Hércules. Fue concebido en el espacio de tres noches, pero esto no alteró el orden del tiempo porque las noches siguientes fueron más cortas. Cuando nació, el trueno resonó en Tebas con mayor estrépito que nunca y muchos otros prodigios anunciaron la gloría del hijo de Zeus. Se dice que Hera, desde los primeros días de la vida de Heracles, odiaba tanto a su madre, que envió dos terribles serpientes a la cuna del héroe para que lo despedazaran, pero el niño, sin inmutarse, las agarró entre sus manos y las mató. La diosa, entonces, cedió a los ruegos de Atenea, e incluso consintió en darle de mamar para hacerlo inmortal.
Heracles tuvo muchos maestros: aprendió a manejar el arco con Radamante y Eurite; a combatir con toda clase de armas con Castor. Quirón le enseñó Astronomía y Medicina. Cuando Lino le enseñaba a tocar un instrumento de cuerda, como Heracles desafinase, Lino le reprendió con cierta severidad y Heracles, poco paciente, le arrojó el instrumento a la cabeza y del golpe lo mató. Llegó a tener una altura extraordinaria y una fuerza increíble. Asimismo, era un gran comilón. Se cuenta que un día que viajaba con su hijo Hyllos, teniendo ambos mucha hambre, pidió comida a un labrador que estaba arando, y no habiendo podido satisfacerle éste, desunció uno de los bueyes, lo inmoló a los dioses y se lo comió. Esta hambre le acompañó hasta el Olimpo. Era también un gran bebedor, juzgando por el tamaño de su cubilete, necesitándose la fuerza de dos hombres para levantarlo. Habiendo abrazado por su propia iniciativa un género de vida duro y laborioso, se presentó a Euristeo, a cuyas órdenes debía emprender sus combates y trabajos, por su nacimiento. Como Hera creyese que esta acción no fue voluntaria porque al principio rehusaba someterse a las órdenes de Euristeo, para castigar su desobediencia, la diosa le hirió con tal delirio que Heracles mató a todos sus hijos creyendo que mataba a los de Euristeo. Recobrada la razón, quedó tan afligido que renunció por un tiempo a la sociedad de los hombres. Después, consultó el oráculo de Apolo, que le ordenó se sometiese a las órdenes de Euristeo por espacio de doce años, según el mandato de Zeus y le anunció que sería colocado entre los dioses cuando hubiese cumplido sus gloriosos destinos. Euristeo, azuzado por Hera, le mandó las cosas más duras y difíciles, a las que se dio el nombre de «los doce trabajos de Hércules». El primero fue el combate contra el león de Nemea, matándolo; el segundo, dar muerte a la hidra del lago Lerna; el tercero, la caza del jabalí de Erimanto; el cuarto, matar a la corza de Cerinea de pies de cobre; el quinto, librar a la Arcadia de las aves del lago Estinfalia; en el sexto, domesticó al toro de la isla de Creta enviado por Po-seidón contra Minos; en el séptimo robó las yeguas de Diomedes y castigó la crueldad de este rey matándolo y dando su carne a las yeguas; en el octavo venció a las Amazonas, y les arrebató a su reina; en el noveno limpió los establos de Augías desviando la corriente del río Alfeo; en el décimo combatió contra el gigante Gerión, al que mató, y se llevó sus bueyes; en el undécimo robó las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides y en el duodécimo liberó a Teseo de los Infiernos. Se le atribuían otras acciones tanto o más memorables. Así, exterminó a los Centauros, mató a Vusiris, Anteo, Hipocoon, Eurito, Peri-clymene, Erix, Lico, Caco, Laomedonte y otros Titanes; arrancó al can Cerbero de los ilnfiernos y libró de ellos a Alcestes. Liberó a Hesione del monstruo que iba a devorarla y a Prometeo del águila que le comía el hígado. Ayudó a Atlas, que gemía bajo el peso del cielo que llevaba sobre sus espaldas, separó dos montes, llamados después Las columnas de Hércules; combatió contra Aqueloo a quien arrancó uno de sus cuernos; en fin, hasta combatió contra los mismos dioses. Se cuenta que Heracles se presentó a los Juegos Olímpicos para disputar el premio y no queriendo nadie combatir con él, fue el mismo Zeus quien luchó contra su hijo, bajo la figura de un atleta; y como sea que después de un largo combate no hubiese ventaja para ninguno de los dos, Zeus se dio a conocer y felicitó a su hijo por su fuerza y valor.
Heracles tuvo muchas mujeres y un gran número de amantes. Las más conocidas son: Megara, Oufale, Yola, Epicasta, Parténope, Augea, y algunas más, y la joven Hebe con quien se casó en el Olimpo; sin olvidar a las cincuenta hijas de Testio a las que dejó preñadas en una noche. Tuvo muchos hijos de Megara, pero los mató junto con su madre en un acceso de furor a los que se vio abocado en varias ocasiones.
La muerte de Heracles fue producto de la venganza de Neso y de los celos de Deyanira, una de sus primeras esposas, quien le envió una túnica teñida con la sangre del Centauro, creyendo que este presente impediría que amase a otras mujeres; pero tan pronto se puso el héroe la túnica, el veneno de que estaba infectada surtió su funesto efecto y derramándose por las venas penetró hasta el tuétano de sus huesos. En vano intentó arrancar de su espalda la fatídica túnica. Estaba muy pegada a su piel y a medida que la quería arrancar se desprendía también su piel e incluso la carne. Heracles lanzaba lamentables gritos y las más horribles imprecaciones contra la pérfida Deyanira. Viendo finalmente que se acercaba su última hora, elevó una pira en la cima del monte Oeta, extendió sobre ella su piel de león, se echó encima y mandó enseguida a Filoctetes que prendiese el fuego y que luego recogiese y cuidase de sus cenizas. Una vez encendida la hoguera cayó un rayo en ella y lo redujo todo a cenizas en un instante para purificar lo que había de mortal en el héroe. Zeus lo subió al cielo y quiso incorporarlo en el número de los dioses mayores. Pero Heracles rehusó este honor porque, dijo, no habiendo ninguna plaza vacante, sería injusto degradar a otra divinidad. Filoctetes elevó un sepulcro sobre las cenizas de su amigo y pronto este lugar se convirtió en sagrado, donde se ofrecían sacrificios al nuevo dios. Los tebanos, testigos de sus heroicas hazañas, le erigieron templos y altares y su culto se extendió a Roma, la Galia e Hispania.
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